poema 23546 - 64532 ameop
Busqué a mi mago
y le soborné
para que te aparecieras en mis sueños.
Quise ver en tus manos
el calor de un "¿te acompaño?"
¡Bueno!
Te rocé con mis labios
y al rato tenía el sabor amargo
del aligustre largo.
Te vi y, al llamarte,
grité tu nombre y se amortiguó
como si compitieran
un avión y un ruiseñor.
Angustiado, vagué por el recuerdo
y te apareciste clara, precisa y serena.
Te hallé humilde y, sobre todo, dulce como un caramelo.
Quise ver en tus manos
el calor de un "¿te acompaño?"
¡Bueno!
Te rocé con mis labios
y al rato tenía el sabor amargo
del aligustre largo.
Te vi y, al llamarte,
grité tu nombre y se amortiguó
como si compitieran
un avión y un ruiseñor.
Angustiado, vagué por el recuerdo
y te apareciste clara, precisa y serena.
Te hallé humilde y, sobre todo, dulce como un caramelo.
Tan dulce como el primer chaparrón
que mojó nuestros labios
a la vuelta de aquel beso.
que mojó nuestros labios
a la vuelta de aquel beso.


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